lunes, 24 de marzo de 2008

Muerte: 55-Vida: 44


Un total de 55 personas perdieron la vida desde comenzó la Semana Santa hasta las doce de la noche de ayer domingo. Son 44 muertes menos que en le mismo periodo de la Semana Santa del año anterior, por lo que muchos como el ministro del Interior en funciones, Alfredo Pérez Rubalcaba, se han apresurado a felicitarse ya por lo que supone de avance frente a los 103 muertos con los que terminó la semana con más desplazamientos de todo el año en el ejercicio 2007.

Es cierto que los datos son buenos. Sería absurdo negarlo. Pero no perdamos de vista el resultado que, a modo de tanteador deportivo, encabeza este post. Los muertos siguieron siendo más que las vidas salvadas.

Porque no olvidemos cuál es el principio básico que deber guiar el ejercicio de la conducción: las muertes no son nunca fruto de un destino inevitable. Lo son de las propias imprudencias, de un error humano, de un fallo mecánico, de una infraestructura deficiente, de las imprudencias de otros o de una combinación de varios de los anteriores factores.

Por eso no debería haber dicho Pérez Rubalcaba que hay accidentes que no podrán evitarse nunca, en referencia al siniestro ocurrido ayer en Mallorca (en la foto superior) en el que tres personas de 70 años murieron al chocar su coche con un árbol. Todos, absolutamente todos los mal llamados accidentes son evitables. En eso trabajan todos quienes se dedican a la seguridad vial, en convencernos a los ciudadanos de que si todos respetásemos ecrupulosamente las normas las muertes quedarían reducidas a cifras que hoy nos parecen inalcanzables.

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